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martes, 25 de noviembre de 2014

"Amadeus": Crítica de Iván Neva

Iván Neva
Crítica extraída del blog www.elbackstage.es (críticas de cine y series, noticias, opiniones, curiosidades...),
especialmente dedicada a Beto, ferviente fan de la película “Amadeus”.   








“YO PUEDO SER VULGAR, PERO OS ASEGURO QUE MI MÚSICA NO LO ES” 
Prólogo

Reconozco que soy más de Beethoven que de Mozart. Sí, me gusta más la melancolía y la tristeza con la que componía el antipático Ludwig Van. Curioso es que la música vaya tan acorde con la personalidad del compositor. Mientras la música del alemán es tan triste y desgarrada como lo era él, según se relata, las piezas de Amadeus son mucho más alegres y desenfadadas, y sin duda van mucho con su forma de ser.           

No cabe duda de que “Amadeus” no te puede dejar indiferente. Desde la primera vez en que aparece el joven Mozart correteando y jugando como si fuera aún un niño, ya se anticipa un carácter fuera de lo normal, sobre todo viniendo de un genio como él. Para muchos, el mayor genio que ha dado la música.            

Y es que pocos hombres (Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Einstein, Newton...) son comparables en el nivel de excelencia a Wolfgang Amadeus Mozart, que con tan sólo cuatro años ya había compuesto obras, y que a los doce ya tenía su primera ópera.                  

Esta cinta biográfica se permite la licencia de cambiar bastantes aspectos de la verdadera historia de nuestro protagonista, incluida su rivalidad con el compositor Antonio Salieri. Pero eso no importa, porque el mimo con el que está hecha es alucinante, y a buen seguro conseguirá conmover incluso a los que no aman la música clásica. A mí, por supuesto, como seguidor de este género musical, me cautivará por siempre.         


Crítica

Ganar 8 Óscars
no es cualquier cosa. Cierto es que aquella edición de 1985 no albergaba gran calidad. De hecho no conozco ninguna otra película de las nominadas entonces.  

Pero igualmente el reparto de premios habría sido tan desequilibrado como lo fue, de haber tenido otras competidoras de mayor nivel. Pues es tal la jerarquía que demuestra en tantísimas facetas que no es de extrañar que arrasara en la entrega de premios: mejor película, mejor director, mejor actor..., y por supuesto dirección artística, vestuario, etc.       

El director checoeslovaco Milos Forman, casi una década después de triunfar con “Alguien voló sobre el nido del cuco” (para mí, muy sobrevalorada), cosechó una nueva victoria en su carrera, la última hasta la fecha.    

Todo esto se lo debemos a él, por supuesto, por saber encarnarse en el genio de Amadeus, calzar su peluca, su batuta, y comenzar a dirigir esta genial obra maestra en la que “no sobra ni falta ninguna nota”, como dice el propio compositor en una escena para contradecir lo que sus enemigos en la Corte Real alegaban.         

F. Murray Abraham, en el papel de Antonio Salieri, también se llevó el Óscar, quitándoselo a un grandioso Tom Hulce (Mozart). Pudo la seriedad y el dramatismo de un hombre corrompido por la envidia que le suscitaba el ver perdido su prestigio como compositor ante la precocidad de un virtuoso como Mozart.          

Él es quien primeramente reconoce la calidad de su música, hasta el punto de jugar con Dios, desafiándole por haber traído al mundo a una reencarnación suya en forma de niño tonto pero superdotado para la música, al fin y al cabo.      

Su caracterización es alucinante, y sus hipócritas gestos acentúan su personalidad desde el primer minuto, cuando pilla a Mozart jugando en el palacio en la primera escena.          

Mención especial merece Tom Hulce, que para mí también merecía el premio, quedando relegado por Murray Abraham, pero no en el olvido. La risa de Mozart. Una constante osadía ante la seriedad y la rectitud de sus contemporáneos. Desafiante pero divertida, jocosa. Por momentos se trata más de una comedia que de un drama, pues el carisma de Hulce es inaudito.      

Para finalizar con estas dos geniales interpretaciones, merece el aplauso de todo un auditorio la escena en la que ambos, hipotéticos rivales, desarrollan juntos desde la imaginación una majestuosa obra como es el Réquiem. No entiendo de música, pero estoy convencido de que cada nota, cada voz, cada instrumento, que van introduciendo poco a poco, está más que contrastada, y cualquier músico sabrá reconocerlo.          

En cuanto al guión, recompensado con otros tantos premios, sin haber entrado muy a fondo en la biografía de Mozart, tengo entendido que es más “adaptado” de lo normal, pues muchos aspectos son invenciones del autor de la obra, Peter Shaffer. Lo único que puedo decir es que funciona, logrando que personas como yo, que necesitan que se lo den todo masticado, entiendan bien la historia, a través de los ojos de un viejo y demacrado Salieri.              

A la banda sonora no se le puede poner ningún “pero”. Es puramente Mozart. Sí que me sobra, quizás, alguna que otra ópera. En su lugar habría introducido algunas de sus piezas de piano más conocidas, como el “Concierto para piano número 20”, o la “sinfonía número 40”.        

Por último, destacar el inmenso trabajo realizado en vestuario, maquillaje, y dirección artística en definitiva. Para una década tan pobre en grandes producciones como la de los ochenta, se trata de una película a destacar en este sentido.    
                       


Epílogo

En este rincón de conclusiones frías y cocidas a fuego lento que es el epílogo, me gusta reflexionar sobre aspectos más humanos, sociales o alejados de la propia cinta en sí.      

Esta ocasión quiero hacer especial hincapié en el factor que considero determinante en el triunfo aplastante de esta película, cuya calidad es innegable incluso en su treinta aniversario desde que salió a la luz. Estoy hablando del cariño y la dedicación con la que Milos Forman dirigió la película. No me cabe la menor duda de que es un auténtico “fan” de la música de Mozart, así como de su persona, pues su visión del personaje es tan dulce y cariñosa que es inevitable quererla.     

A eso se le llama tener buen gusto, ser exquisito en la elección, no sólo de las piezas musicales, sino en no quedarse ahí, y tratar de darle sentido a cada nota que se escribe en el pentagrama. Impresiona ver a Mozart tocar el piano del revés, o leer una partitura de otro compositor de un vistazo y saber tocarla de inmediato sin mirar, y, por encima de todo ello, esos momentos de lucidez genial en los que al joven músico se le amontonan los sonidos en su cabeza, como inspirado por Dios, o por alguna entidad, cualquiera que sea, para plasmarlo todo en una hoja de papel como si se tratase de una novela, una genial novela que sólo unos pocos privilegiados saben leer.  

La moraleja de esta historia es que sin pasión por lo que uno hace, las cosas nunca saldrán bien. Es cuando pones todos tus sentidos en lo que te gusta, es entonces, sí, cuando te llegará la recompensa.

Milos Forman debió aprender esto de Wolfgang Amadeus Mozart, el mayor compositor de la Historia de la música. Y la verdad es que aprendió bien.           



Valoraciones 

- Interpretación y dirección: 9/10  

- Guión: 8/10            

- Banda sonora: 9/10

- Fotografía y ambientación: 7/10  
                       

Nota objetiva (media de las valoraciones): 8,25/10          

Nota subjetiva: 8/10 



ENLACES DE INTERÉS:   

Escena: Mozart y Salieri se conocen 



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