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miércoles, 20 de abril de 2016

La Acción de "Terminator 2": Por el Tipo Raro


El Tipo Raro

El trabajo de James Cameron como “director” en todo el sentido de la palabra puede ser cuestionado por cinéfilos y críticos, pero decir que este hombre no sabe dirigir acción es casi un sacrilegio. A Cameron siempre se le ha dado muy bien dirigir emocionantes persecuciones, espectaculares combates y realistas escenas explosivas; todo su cine tiene momentos memorables que han influido obras modernas incluyendo aquellas cintas donde la acción no era el enfoque, como ocurrió con Titanic. Sin embargo el punto máximo de esta mente brillante de la adrenalina fílmica ocurrió hace más de 20 años con la salida de la que también es su obra cumbre: Terminator 2.

Hablar de Terminator es hablar de una de las franquicias de acción más populares de todos los tiempos. La segunda parte fue estrenada en 1991 pasando a ser con el tiempo una obra de culto y un icono de la cultura popular. Terminator 1, hay que decirlo, es aburrida, con un ritmo más pausado y muy lento en el que casi se puede ver cada fotograma sumándole la atrasada tecnología de la época, dándole unos efectos especiales que no han envejecido nada bien. Para la secuela Cameron puso sus manos en el fuego con el naciente CGI sin olvidar el detalle en los maquillajes, la utilería y los animatrónicos, elementos que también uso en su antecesora. Todo lo anterior solamente lo uso como un vehículo para poner en pantalla momentos que su redactor y quizá muchos de los que me lean tendrán grabados en la retina.

Para comenzar hay que observar la sensación de peso. T-800 y T-1000 son máquinas que rozan la tonelada con su dura constitución metálica, lo sabemos no solo por las descripciones que se hacen sino por los combates. La escena del centro comercial se siente real porque cada golpe tiene una consecuencia directa que se mantiene estable durante el resto de la película, es una demostración de la fuerza que tienen estos seres, un poco arriba de la de un hombre promedio pero sin llegar a límites absurdos. Esto se logra usando escenografía de materiales similares en vez de pantalla verde como tantas películas actuales, aunque Cameron sabe que no basta con un par de puñetazos para que la gente sienta que esos robots de verdad están ahí. Se puede comparar al T-800 con Robocop y al T-1000 con el Xenomorfo, los primeros se mueven gradualmente pensando cada paso mientras que los segundos es casi por inercia, tienen una velocidad de reacción superior que les permite asestar varios golpes antes que el contrincante arremeta con uno solo aunque más fuerte; de esta manera el espectador sabe cómo funcionan sus personajes y que esperar de ellos.

Lo siguiente son las armas. Desde pistolas hasta lanzagranadas, el repertorio bélico de esta película es comparable al de cualquier shooter moderno. Pero esto no es como “La guerra de las galaxias” en donde la pistola de Han Solo tiene el mismo efecto que los cañones de los soldados imperiales, aquí cada arma tiene una potencia de fuego claramente diferenciada mediante los impactos. Al ser solo metal líquido, el T-1000 permite al espectador hacerse una idea de que tan duro le dio un disparo fijándose en los agujeros que tiene, una 9mm deja pequeños hoyuelos similares a un piquete de avispa, una escopeta de acción explosiva hace uno más grande aunque no tan circular y una ametralladora deja cientos de huecos pequeños que se van acumulando hasta dejar una gran marca. Pero las señas físicas no bastan para dejar claro la resistencia de estas máquinas, para eso se necesita la actuación; con las primeras el personaje de Robert Patrick ni se inmuta estando de pie pero si está en una persecución es posible que se le pare momentáneamente, la segunda consigue hacerlo dar un salto hacia atrás o  tumbarlo como se ve en el escape por el estacionamiento del siquiátrico y la tercera lo paraliza completamente como ocurre en la persecución de camiones durante el clímax.
Pero si las secuelas de los tiros hacia las máquinas no bastaran tenemos nuevamente el escenario y los extras humanos. El primer enfrentamiento ocurre en un pasillo del centro comercial, ya dije lo que le ocurre al T-1000 cuando le dan con una pistola, al T-800 le rompen la ropa dejando un agujero humeante pero entonces entra un pobre entrometido a la lucha, un funcionario del sitio que queda en el fuego cruzado, ¿Qué pasa con él? Prácticamente termina como Alex Murphy, cada bala lo atraviesa totalmente, podemos ver como salen a volar pedazos de camiseta seguida de una estela de sangre y humo mientras que la infortunada diana  baila graciosamente como marioneta hasta caer. Sobre el escenario, debemos dirigirnos a la liberación de Sarah en la que nuestro australiano favorito lanza como juguetes varios médicos y policías del hospital, uno rompe vidrios reforzados de las ventanas, otro atraviesa las ventas de las puertas y una última desafortunada es azotada con ligera violencia contra el piso.

Cada impacto en esta cinta viene reforzado por unos efectos de sonidos estupendos. En la mencionada secuencia del hospital el piso luce encerado y los chillidos de los zapatos nos lo confirman, la fábrica de acero tiene un aspecto desgastado y el berrido que da la aplanadora con la que el T-1000 golpea al exterminador o los vagones en que Sarah envía  a John lo garantizan. La gasolina detonando por el disparo, los huesos metálicos siendo espichados por el engrane, la llanta en llamas rodando, la quemadura del motero al caer sobre la estufa, todos estos momentos tienen una producción sonora increíble muy pocas veces repetidos hasta la actualidad.

Esta película derrocha acción en cada minuto y no del estilo bombástico sin sentido de Michael Bay, sino de una más inteligente, mejor planeada y muchísimo más creíble. Me llevaría más tiempo hablar sobre todos los componentes por los que esta es más que una muy buena película, pero creo que el texto ya está muy extenso, así que solo los invitaré a que vuelvan a ver esta joya del cine contemporáneo porque aunque la academia y los pseudo críticos traten de rebajar su importancia, para los amantes de la acción, la adrenalina y la ciencia ficción, Terminator 2 es claramente una obra rompedora que merece tener un podio más alto por su inigualable pasión al contar la historia de una máquina que es más padre y humano que muchos otros.

Pueden visitar el canal del Tipo Raro AQUI

Las opiniones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no necesariamente corresponden con las de la administración de En 10 Puntos
 
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